Me comeré el pollo,
como resultado
de la revolución industrial,
abandonando toda responsabilidad,
apuñalaré dientes a toda furia,
hasta las venas fritas negras,
pagando el préstamo de los colmillos
que sirven para sonreirle a las chicas.
Me comeré el pollo,
sin darle las gracias a las plumas
que son el instrumento de risa
de los oídos ignorantes y sin luz,
sin agradecer a un corazón
que latió antes de ser,
una consciencia que se apagó,
para darse como alimento a una especie.